Cuando la curiosidad encuentra un lugar para crecer, el aprendizaje se vuelve propio.

Esta experiencia nace de una chispa: la curiosidad de los niños y niñas al asomarse, a través de la expedición científica del CONICET, a un mundo profundo, desconocido y fascinante como el Cañón Submarino de Mar del Plata.

Allí donde la luz casi no llega, aparecieron preguntas que sí iluminan: ¿cómo se alimenta una estrella de mar?, ¿cómo se mueve quien no tiene patas?, ¿cómo logra un robot habitar esas profundidades?
Preguntas que no solo buscan respuestas, sino que abren caminos.

Desde nuestra mirada, los niños y niñas no esperan explicaciones: las construyen. Piensan, imaginan, ensayan hipótesis, se equivocan y vuelven a intentar.

Así, esta propuesta se transformó en un recorrido de indagación donde explorar, investigar y compartir fueron acciones centrales. Un proceso en el que el conocimiento no se transmitió, sino que se fue tejiendo colectivamente.

Comparir noticia

También te puede interesar...

Suscribite
a nuestro Newsletter
Últimas noticias